El llamado a escribir
Desde niña siempre admiré profundamente a mi madre. La veía como una mujer trabajadora incansable, de corazón noble, que siempre tendía la mano a quienes más lo necesitaban. Recuerdo que solía llevar a casa a madres con niños que mendigaban en la calle; les daba baño, comida, palabras de aliento y hasta dinero para regresar a sus pueblos. Mi madre no tenía el sentido del olfato, así que los malos olores nunca le afectaron: parecía venir equipada por la vida con lo que necesitaba para cumplir su misión de servicio.
Ejemplo de servicio y superación
Ella trabajaba como una hormiguita, siempre creando, siempre buscando superación personal para ayudar a otros. Cuando su voz fue descubierta, aprovechó el dinero que ganó cantando para abrir un salón de belleza. No sabía peinar, pero tuvo la visión de contratar a las mejores estilistas. Con su empuje, viajó a San Andrés, Panamá y Miami, trayendo productos que sus “ricachonas”, como llamaba a sus clientas, le encargaban.
Determinación y visión femenina
Mi madre compraba y reconstruía casas con la determinación de alguien que nunca estudió más allá de cuarto de primaria, pero que sabía dirigir obras con claridad y visión. Cada propiedad se convirtió en un nuevo comienzo. Fue así como, entre salones de belleza, viajes y sacrificios, ella nos fue forjando un futuro.
Una vida dedicada a servir
Ya en Atlanta, mi madre abrió su casa a familiares y amigos. Con sus ahorros compró una vivienda donde llegaron a convivir hasta 18 personas. Ella trabajaba de noche en Western Electric (hoy AT&T) y de día ayudaba a sus hermanos, otros familiares y amistades a buscar empleo, vivienda y nuevas oportunidades. Les financiaba las visas y viajes con la confianza de que le devolverían el dinero algún día. Algunos lo hicieron, otros no, pero nunca dejó de ayudar.
Generosidad que trasciende
Mi madre vivió con una generosidad inagotable: se fue de este mundo a los 90 años con apenas tres prendas y un par de zapatos, porque casi todo lo regalaba. No por falta, sino porque en su corazón siempre había espacio para dar a los demás.
Rendir tributo a un legado eterno
Entonces, ¿por qué decidí escribir un libro sobre ella? Porque nació en mí un profundo deseo de honrar y compartir con el mundo el legado de una mujer extraordinaria: cantante, femenina, vanidosa, caritativa, emprendedora, determinada, sabia, inteligente y con mucha picardía. Al crecer y trabajar en mi propia evolución personal y espiritual, fui reconociendo que mi madre no solo era una mujer fuerte, sino un espíritu elevado.
Escribir este libro es mi forma de rendirle tributo, de darle voz a su historia y de convertir su vida en inspiración para todo aquel que, de alguna forma, sea impactado por su historia personal y su legado.Me siento una mujer profundamente bendecida al reconocer que con cada paso de mi vida he ido reconociendo más mi esencia, esa voz interior desde la cual conecto, comunico y transmito unidad.
