Mi relación con la espiritualidad
Siempre vi en mis padres el ejemplo de seres humanos profundamente caritativos. Y entendí que no solo era lo que yo veía en ellos, sino también lo que yo misma había venido a ser en este plano: comunicar, conectar y servir.
Una lección de compasión en la infancia
Recuerdo dos momentos que marcaron mi vida y mi relación con lo espiritual. El primero fue en una heladería de Medellín, cuando una mujer se acercó a pedir dinero. Yo era apenas una niña, pero ese día supe con claridad que me dolía ver que otros tuvieran menos que nosotros. Le dije entonces a mi madre que, cuando fuera grande, también ayudaría a la gente, así como ella lo hacía.
El valor de los pequeños gestos
El segundo momento llegó en mi juventud. Iba en un bus con mi padre cuando subió un niño de unos diez años a cantar por dinero. Al terminar, pasó recogiendo monedas, y yo le entregué un billete doblado. Al bajarse, lo abrió y, sorprendido por su valor, buscó mi mirada. Nuestros ojos se cruzaron y su rostro estaba lleno de gratitud. Esa imagen quedó grabada en mí para siempre: comprendí que hasta los pequeños gestos nacidos del corazón pueden transformar la vida de otro ser humano.
Fe, familia y formación religiosa
Crecí en una familia católica, asistiendo a misa cada domingo y estudiando en un colegio religioso hasta cuarto de primaria. Esas enseñanzas reforzaron lo que ya vivía en casa y lo que comenzaba a reconocer en mi interior
Búsqueda y sanación interior
Los años difíciles de mi matrimonio fueron también un despertar de conciencia. En 1997 inicié un camino de búsqueda y sanación espiritual. Comencé leyendo El Alquimista y asistiendo a retiros de la iglesia católica como “Vida en el Espíritu”. Más tarde descubrí audiolibros y autores como Deepak Chopra y Wayne Dyer, y participé en seminarios y talleres como Caminos, Lifespring, El Kábala, Tony Robbins, entre otros. Cuanto más profundizaba, más reconocía cómo iba sanando y transformándome en una mejor mujer, madre, hija, hermana y amiga. Hecho que continua y continuará hasta el día en que regrese a mi hogar celestial.
Señales divinas tras la partida de mi madre
Tras la partida de mi madre, esa conexión con mi esencia espiritual se intensificó. He vivido experiencias místicas llenas de señales que iluminan mi camino y fortalecen mi alma. Una de ellas fue acompañar en sus últimos momentos a mi tía política, Mary, quien fue para mí como una segunda madre. Siento que hubo un pacto de amor entre mi madre y mi tía para que yo pudiera despedirla a ella, ya que no tuve la oportunidad de hacerlo con mi madre debido al COVID.
Gratitud, propósito y confirmación del camino
Hoy sigo recibiendo manifestaciones divinas, pequeñas y grandes, que me llenan de una inmensa gratitud y alegría. Para mí, escribir este libro y contar con el equipo que me acompaña es también una de esas señales: una confirmación de que este es el camino que debía recorrer.Escribir este libro es mi forma de rendirle tributo, de darle voz a su historia y de convertir su vida en inspiración para todo aquel que, de alguna forma, sea impactado por su historia personal y su legado.Me siento una mujer profundamente bendecida al reconocer que (removi una frase) con cada paso de mi vida he ido reconociendo más mi esencia, esa voz interior desde la cual conecto, comunico y transmito unidad.
