¿Quién soy como mujer, ser espiritual y marca?

Quién soy como mujer: una vida guiada por la gratitud y la fe

Soy una mujer profundamente agradecida: primero con el Creador que vive en mí y luego con mis padres, quienes me entregaron su amor infinito como maestros y protectores en esta existencia.
En mi camino de niña a mujer, ellos me dieron la base de mis principios morales, la fe, el servicio y la gratitud. Estos valores fluyen por mi sangre con la certeza de que existe un Dios. Soy una mujer que ama la compañía de la integridad y la justicia.

Quién soy como mujer

Las etapas que fortalecieron mi espíritu

He atravesado diferentes etapas de crecimiento —muchas de ellas difíciles— que me han fortalecido mental, emocional y espiritualmente. Fui la niña que vivió la ausencia física de sus padres en momentos necesarios, pero que nunca dejó de sentir su amor, incluso a la distancia, gracias también al apoyo de mis familiares, quienes cuidaron de mi hermana y de mí.

Aprendizaje del dolor, la fe y la esperanza

Durante años he estado en una búsqueda interna de sanación, tanto propia como de quienes prolongarán mi existencia. Soy la mujer que enfrentó la infidelidad en su matrimonio y que, aun así, sostuvo con esperanza los últimos 17 de los 22 años que duró. De mi madre heredé la enseñanza de poner “al mal tiempo, buena cara” y la certeza de que, aunque el camino sea duro, siempre podemos “caminar sobre las aguas” porque Dios está con nosotros. De mi padre aprendí el valor del misticismo, y entre ambos sembraron en mí la pregunta esencial: ¿quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy?

Propósito y servicio en mi camino profesional

Abrazada por la educación, la conexión y el servicio, me convertí en una profesional exitosa en el mundo de los bienes raíces, profesión que agradezco porque me permite servir y contribuir al prójimo.

Propósito y servicio en mi camino profesional

Espiritualidad y el despertar de Eva

Soy la mujer que, a los 58 años, sintió el fuerte deseo de dejar por escrito lo que pensaba y sentía por su madre: una mujer a la que amé y respeté profundamente, y de quien fui descubriendo, con los años, su alma elevada. En uno de mis seminarios de superación personal llamado Caminos, recibí las palabras Entrega, Valor y Amor = EVA. Desde entonces adopté “Eva” como mi nombre espiritual, aunque hoy reconozco que siempre estuvo en mi vida, porque ella fue la gran EVA de mi existencia.

Un legado de amor, perdón y gratitud

Hoy llevo con orgullo el legado de mi madre, un legado de fe, determinación, contribución, gratitud, compasión y perdón. El brillo de su enseñanza sigue vivo en mí a través de la Regla de Oro: “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti.”

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